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martes, 25 de septiembre de 2012

Los secretos que desatan la creatividad arquitectónica



(Por: Mariana Villavicencio)

Según la M. Arq. Lesbia González Cubillán, "la creatividad es un proceso personal que, dependiendo del grado de madurez, formación e información sobre el tema a trabajar, delimita los eventos que se traducen luego en un producto creativo".[1]

Es característico de la arquitectura que un autor se distinga de otro, pues cada uno otorga un toque personal a su obra, lo que la hace sobresalir del resto, por sus características de diseño, ya sean físicas o funcionales.

Podemos notar en los concursos de arquitectura que se entregan cantidades de proyectos distintos, a pesar de que el brief sea el mismo.

Cada persona aborda el reto de manera distinta. Incluso puede seguir un procedimiento de diseño similar o igual, pero las variables involucradas llevan a resultados muy contrastantes. Y aún así podemos distinguir obras más creativas que otras. Pero, ¿de qué depende la creatividad?



La respuesta es compleja, pues puede abordarse desde distintos ángulos (psicológico, médico, esotérico, social, humanista, etc.) y por tanto, nunca llegar a una verdad absoluta.

Por ejemplo, el Psic. M. Csikszentmihalyi asegura que la creatividad tiene cinco fases de desarrollo[2] (preparación, incubación, iluminación, evaluación y elaboración), a través de las cuales se llega a un producto; mientras que Gardner[3] y Perkins[4] atribuyen la creatividad a factores innatos de la personalidad de cada individuo, tales como su imaginación e intuición.

Autores como L. González apuestan más al momento y a la pasión involucrada en el proceso: "el acto creador en el cual transforma el planteamiento inicial del problema y lo hace realidad en un diseño"[5].

Por otro lado, para la mayoría de los profesores de arquitectura, la creatividad depende en mucho de los conocimientos, pues ellos son el puente para llegar a la mejor resolución. Sin embargo, ser creativo no depende de la capacidad de acumular información, sino de lo que se haga con ésta.

En mi opinión, diseñar es resolver un problema y dar respuesta a una necesidad. Un buen diseño lo hará de manera creativa, es decir, innovando, para llegar a un resultado nuevo y diferente.

No desvalido las teorías anteriores, pues indudablemente hay personas más creativas que otras (según su personalidad, educación o contexto), pero creo que la creatividad también se puede desarrollar.

Para estimularla se recomienda ser muy observador, analizar casos análogos, recopilar y procesar información, cuestionar lo que parece lógico[6], entender la tarea, ser organizado y finalmente interiorizar, alcanzar un estado de relajamiento, enfocarse 100% en el proceso y disfrutar del mismo. De ésta manera, dejando de lado el estrés y teniendo objetivos claros, puede tenerse una idea transformable en un buen producto final.

Museo del Rock tres
Cortesía de MVRDV y Cobe Architet


[1] Revista EncuetroMultidisciplinar No. 28, 2008.
[2] CSIKSZENTMIHALYI, M. (1998): Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención. Barcelona: Paidos.
[3] GARDNER, H. (1982): Art, mind and brain. A cognitive approach to creativity. New York: Basic Books.
[4] PERKINS, D. N. (1993): “La creatividad y su desarrollo: Una aproximación disposicional”. En Beltrán, Bermejo, Prieto y Vence. (1993). Intervención Psicopedagógica. Madrid: Pirámide.
[5] GONZÁLEZ, L. (2007): “Creatividad y energía creativa”. Revista Creatividad y Sociedad nº 10, pág. 74.
[6] Jackson Pollock, 1957


*Nota publicada en ObrasWeb el Viernes, 21 de septiembre de 2012 a las 10:00


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