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lunes, 10 de septiembre de 2012

La muerte del dibujo en la arquitectura

Dibujo por Michael Graves, Fachada de la biblioteca central de Denver


(Por: Michael Graves*)
Publicado el 1 de Septiembre de 2012 para The New York Times

Se ha puesto de moda en muchos círculos arquitectónicos el declarar la muerte de dibujo. ¿Qué le ha pasado a nuestra profesión y nuestro arte, para provocar el supuesto fin de nuestros más poderosos medios de conceptualizar y representar la arquitectura?






El ordenador, por supuesto. Gracias a su enorme capacidad de organizar y presentar los datos, la computadora está transformando todos los aspectos de cómo los arquitectos trabajan, desde bocetar sus primeras impresiones sobre la idea hasta la creación de documentos complejos de construcción. Durante siglos, el sustantivo "dígito" (del latín "digitus") ha sido definido como "dedo", pero ahora su forma adjetival, "digital" se refiere a los datos. ¿Están nuestras manos quedando obsoletas como herramientas creativas? ¿Están siendo reemplazadas por máquinas? Y ¿dónde queda el proceso creativo arquitectónico?

Hoy en día los arquitectos suelen utilizar programas de diseño asistido por computadora con nombres como AutoCAD y Revit. Los edificios ya no son sólo diseñados visual y espacialmente, sino son también "calculados" a través de bases de datos interconectadas. 

He estado ejerciendo la arquitectura desde 1964, y mi oficina no es inmune. Como la mayoría de los arquitectos, nosotros usamos estos y otros programas de software, especialmente para los documentos de construcción, pero también para el desarrollo de diseños y hacer presentaciones. No hay nada inherentemente problemático al respecto, siempre y cuando no se trate sólo de eso. 

La arquitectura no puede divorciarse del dibujo, no importa lo impresionante que la tecnología se ponga. Los dibujos no son sólo los productos finales: son parte del proceso de pensamiento de diseño arquitectónico. Los dibujos expresan la interacción de nuestras mentes, ojos y manos. Ésta última afirmación es absolutamente crucial para diferenciar entre los que dibujan para conceptualizar la arquitectura y los que utilizan el ordenador. 

Por supuesto, en cierto sentido el dibujo no puede estar muerto: hay un gran mercado para la obra original de los arquitectos respetados. He tenido varias exposiciones individuales en galerías y museos de Nueva York y otros lugares, y mis dibujos se pueden encontrar en las colecciones del Museo Metropolitano de Arte, el Museo de Arte Moderno y el Cooper Hewitt. 

Pero, ¿puede el valor de dibujos ser simplemente el de un artefacto de colección o un cuadro bonito? No. Tengo un propósito real en la toma de cada dibujo, ya sea para recordar algo o estudiar algo. Cada uno es parte de un proceso y no un fin en sí mismo.

Durante décadas he sostenido que el dibujo arquitectónico se puede dividir en tres tipos: el "boceto de referencia", el "estudio preliminar" y el "dibujo definitivo." El dibujo definitivo, el último y más desarrollado de los tres, es casi universalmente producido a computadora en la actualidad, y es válido. Pero ¿qué pasa con los otros dos? ¿Cuál es su valor en el proceso creativo? ¿Qué nos pueden enseñar? 

El croquis referencial sirve como un diario visual, un registro del descubrimiento de un arquitecto. Puede ser tan simple como una notación abreviada de un concepto de diseño o pueden describir los detalles de una composición más grande. Ni siquiera necesita ser un dibujo que refiere a un edificio existente. No se trata de representar la "realidad", sino de captar una idea. 

Estos dibujos son inherentemente fragmentarios y selectiva. Cuando dibujo algo, lo recuerdo. El dibujo es un recordatorio de la idea primaria. Esa conexión visceral, el proceso del pensamiento, no puede ser replicado por una máquina. 

El segundo tipo de dibujo, el estudio preparatorio, es típicamente parte de una progresión de dibujos que conforman un diseño. Al igual que el esquema referencial, no puede reflejar un proceso lineal (encuentro el diseño asistido mucho más lineal). Personalmente, me gusta dibujar en papel translúcido amarillo, lo que me permite dibujar una capa encima de otra, sobre la base de lo que he dibujado antes y, una vez más, creando una conexión personal y emocional con el trabajo. 

Con ambos tipos de dibujo, hay una cierta alegría en su creación, que proviene de la interacción entre la mente y la mano. Nuestras interacciones físicas y mentales con dibujos son actos formativos. En un dibujo hecho a mano, ya sea en una tableta electrónica o en papel, hay entonaciones, rastros de las intenciones y la especulación. 

Lo encuentro muy diferente del diseño paramétrico, que hoy en día, permite a la computadora generar la forma de un conjunto de instrucciones. Los diseños son complejos e interesantes a su manera, pero les falta el contenido emocional de un diseño derivado de la mano. 

Cuando trabajo con mis colegas y estudiantes de informática, me doy cuenta de que algo se pierde cuando dibujan sólo en computadora. Es análogo a oír una novela en voz alta; al leerlos en papel nos permite soñar un poco, para hacer asociaciones más allá de las frases literales de la página. Del mismo modo, dibujar a mano estimula la imaginación y nos permite especular acerca de las ideas, es una buena señal de que estamos realmente vivos. 

*Michael Graves es arquitecto y profesor emérito de Princeton. 

Traducido por Mariana Villavicencio.

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